Muñoz, destituido por unanimidad

10 febrero 2017, 22: 26

El jurado de enjuiciamiento consideró que en lugar de prestar asistencia a las víctimas que chocó “prefirió continuar con su marcha y conducir del modo en que pudo” y que su posterior negativa al test de alcoholemia “estuvo provista de discernimiento, sin que sufriera algún tipo de afectación en su voluntad”.

Muñoz asumió como juez de instrucción en 2005. Tras la reforma procesal penal pasó a ser juez de Garantías. Foto Matías Subat.

El jurado de enjuiciamiento dispuso la remoción de Marcelo Muñoz del cargo de juez de Garantías. La destitución es de ejecución inmediata, más allá de que la defensa impugnará la decisión ante el Tribunal Superior de Justicia. Aquí pueden leer la resolución.

Como habíamos dicho en este post el fallo iba a tener mensajes, y vaya si los tuvo.

Fue unánime y el único voto correspondió al presidente del jurado y del Tribunal Superior de Justicia, Evaldo Moya.

La remoción de Muñoz fue por la causal de mal desempeño. El jurado lo fundó en dos aspectos: haberse negado al control de alcoholemia, luego de chocar con su auto al vehículo en el que iban Leandro Córdoba y Paula Sette, arrojándolo a un canal de riego, y alejarse del lugar sin auxiliar a la víctimas.

Moya no hizo lugar al planteo de nulidad de la acusación que realizó el defensor Juan Coto en los alegatos de clausura. Dijo que el jurado ya lo había resuelto (ver aquí). Respecto de la ilegalidad de la pericia accidentológica, contestó que deviene abstracto porque no fue tenida en cuenta como prueba de cargo del enjuiciado.

Justamente Moya subrayó que el reproche “no trasunta por presuntas deficiencias o contravenciones durante la conducción de su rodado particular” sino por sus conductas posteriores. Se encargó de aclararle al fiscal José Gerez (sin nombrarlo) que no iba a tener en cuenta varias de sus consideraciones:

Así, por ejemplo, la alegación de una “conducción imprudente”, “temeraria”, en “exceso de velocidad”, “bajo los efectos del alcohol” o “manipulando el teléfono celular” son circunstancias que amplían indebidamente el campo fáctico de la imputación, en tanto ello no estuvo contemplado por la comisión especial ni por este jurado de enjuiciamiento.

Para el presidente del jurado “resulta un dato incontrovertido que el Dr. Marcelo Muñoz no hizo el control de alcoholemia” sólo que la defensa lo justificó en el accidente isquémico transitorio (AIT).

Aquí Moya se permitió dedicarle largos párrafos a las declaraciones de los policías de la división Tránsito, por ejemplo el oficial Zenteno que confeccionó indebidamente el acta de secuestro “ya que siquiera habría tenido la diligencia debida para chequear la identidad del presunto testigo que él mismo convocó, lo que detrae bastante su profesionalismo y por ende su confiabilidad.”

Aseguró que estos relatos “me parecieron acompañados de ciertas apreciaciones superfluas y aclaraciones que rozan lo ofensivo, impropias de ser manifestadas por testigos experimentados como esos.”

Volvió entonces al AIT diagnosticado a Muñoz, para concluir que no se condice el síndrome con “sus actividades motrices e intelectuales verificadas a lo largo de este juicio”, por caso, manejar la agenda de su teléfono, llamar a la grúa, comunicarse con personas, atar sus zapatos, interactuar con policías, aportar datos personales.

Sostuvo:

Sin pretender sobreabundar y repasando el contenido del acta contravencional, se aprecia que no sólo estampó su rúbrica en dicha boleta de infracción, sino que además su firma se encuentra prolijamente inserta en el sector pertinente, infiriéndose cierta operación intelectual no sólo para leer y firmar dicho documento, sino para hacerlo en un campo concreto del papel tal como consta en las actuaciones, lo que claramente es incompatible con un estado de automatismo inherente a un padecimiento como el aducido

Los tres vocales y Muñoz. Foto Matías Subat.

Sobre no auxiliar a las víctimas- Leandro Córdoba y Paula Sette- manifestó:

era claramente perceptible para el magistrado Muñoz que en aquel automóvil se trasladara al menos un ocupante (el conductor). Y era fácil suponer también la existencia de otro y otros tripulantes. Podía inferir también que su rápida ayuda podía implicar una diferencia entre la vida y la muerte para los potenciales afectados.

Es cierto que afortunadamente ninguna de estas situaciones se verificó en un plano fáctico o real, pero era una probabilidad que necesariamente debió representarse el Dr. Muñoz cuando decidió alejarse del lugar sin siquiera averiguar la envergadura del daño que había causado. En su lugar prefirió continuar con su marcha y conducir del modo en que pudo (con los airbags accionados, con el frente de su unidad claramente deteriorado, perdiendo fluidos, etc.) hasta su detención final, unos kilómetros más adelante.

Lamentablemente, lo que logró detener la marcha del Dr. Muñoz fueron los problemas mecánicos de su automóvil.

(…) No mejora su situación pretender averiguar por interpósitas personas (mucho tiempo después de la colisión) el estado de la pareja Córdoba/Sette, o intentar eventuales pedidos de disculpas, ya que eso no estuvo orientado a los elementales deberes de auxilio que hubieran correspondido, sino más bien a intentar establecer con precisión la extensión del daño que ya había causado para ejercitar su defensa

Moya indicó que le consta que existe una sanción “menos lesiva” como la suspensión, pero aclaró que “la gravedad de la conducta reprochada excede a una medida disciplinaria de ese tenor.”

Al final, el vocal lo recordó como un buen juez:

La entidad de los hechos reprochados no pueden neutralizarse o minimizarse por la contracción al trabajo que tiene el magistrado Muñoz. Su compromiso y pulcritud en el marco de sus tareas diarias me consta fehacientemente y ha sido probada de manera cabal por los múltiples testimonios brindados en la audiencia general. Es por ello que esta decisión se vuelve aún más difícil.

Lo que no

El jurado no dijo que Muñoz fue un mentiroso y un borracho, como insistió el fiscal en el juicio. Tampoco que se valió de sus contactos para mejorar su situación.

Gerez se llevó una victoria nada despreciable si tiene pretensiones políticas. La destitución de un juez no es algo que sucede todos los días, y buscará capitalizarlo. De todas maneras aún sigue siendo la cabeza del ministerio público y es allí donde deberá mostrar resultados: en las investigaciones.

Para algunos y algunas la salida de Muñoz no debió haber sido por este motivo, sino por su complacencia con los representantes del poder político provincial. Los mismos que esta vez no hicieron nada por él.

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