Lo bueno y lo malo del Código Procesal en la primera audiencia

2 enero 2015, 7: 11

La primera audiencia del Código Procesal Penal. Jueza: Ana Malvido. Defensa: Gustavo Palmieri. Fiscalía: Maximiliano Breide Obeid. Foto Matías Subat.

Sería mucho decirle balance. Algo de lo que pensamos sobre la reforma procesal en Neuquén, como para seguir abonando el debate.

Vista a la distancia, la primera audiencia con el nuevo Código Procesal Penal, que se realizó el 14 de enero de 2014, tuvo las características que fueron la impronta de la reforma: celeridad y polémica. Este año, el segundo de vigencia del sistema, algunos de los desafíos son más transparencia, mejor servicio a la ciudadanía y menor ruido interno.

Aquella primera audiencia fue para resolver una prisión preventiva, tema excluyente en las discusiones a lo largo del año que desató pasiones en varios niveles (hay muuucho publicado, recomendamos visitar esta categoría de nuestro sitio).

Se resolvió en 20 minutos, porque si algo permite/obliga el nuevo Código es la rapidez para tomar decisiones. Y fue delante de decenas de personas, en rigor todas las que pudieron ingresar a la pequeña sala judicial, porque otras de las características son la publicidad de algunos actos y las fallas de la infraestructura.

Esa audiencia inauguró también una pulseada entre el Colegio de Jueces y el Ministerio Público Fiscal que se extiende hasta hoy, y nada indica que se amortiguará en los tiempos por venir. Pulseada a la que después se sumó el Tribunal de Impugnación, otro organismo integrado por jueces y juezas.

Hay mucho de concepciones distintas sobre el derecho, la justicia y el rol del Poder Judicial en esa disputa, pero también se mezclan roces personales de antigua data y pujas de poder.

La decisión que se tomó en esa audiencia (liberar al imputado de un homicidio) generó cierta confusión hacia afuera, aunque mucho peor fue lo que ocurrió en la segunda audiencia en la cual un joven acusado de un delito sexual quedó en libertad.

Un aporte a esa confusión (que después se repitió varias veces en varias audiencias) fue que la reforma procesal penal no tuvo voces que salieran a explicarla a la ciudadanía, lo cual nada garantiza salvo eso, la existencia de más voces para debatir y pensar.

En el año previo a la entrada en vigencia (el lejano 2013), legisladores que participaron en la redacción del nuevo Código se dedicaron a destacar sólo algunos aspectos, los más “vendibles”: dijeron que habría una justicia más ágil, más transparente, con más participación ciudadana (gracias a los juicios por jurados); que se esclarecerían más delitos y que habría más seguridad, entre otras consignas.

Pero cualquiera bien avisado sabe que un Código (de forma o de fondo) no soluciona la compleja problemática del delito ni sirve para hacer prevención en la diaria, y sólo en algunos delitos permite instrumentar una mejor investigación.

En cuanto a la agilidad, corre para los dos lados: para formular una imputación (cuando se tiene un acusado) y para que ese acusado acceda más rápidamente a los beneficios que le corresponden. Tampoco este aspecto se explicó en forma adecuada, lo que permitió que se impusiera un discurso que confundió derechos con privilegios.

Este año hay algunas ventajas comparativas. El sistema ya fue probado en tiempo real, ya se sabe dónde pisa firme y dónde cojea, y hay más operadores en funciones: se incrementó la cantidad de jueces, fiscales y defensores, y sigue creciendo.

Es decir que no hay lugar para excusas burocráticas. Si algo sale mal aparecerán otras, seguramente, pero la esperanza sigue siendo que la ciudadanía reciba un mejor servicio.

Etiquetas , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.