El asesinato de Nora no altera la paz social

28 Agosto 2014, 9: 10

Un crimen, una fuga. Ningún reclamo, ninguna recompensa.

Nora Graciela Asselborn estaba en pareja con Pablo Díaz Encina, quien la asesinó de un disparo en el pecho el 14 de junio pasado, a las 2:40 de la mañana, en la casa que compartían en el barrio Villa Florencia de la ciudad de Neuquén.

Ese mismo día detuvieron a Encina y pronto se le impuso prisión preventiva.

El 19 de agosto logró fugarse cuando era trasladado para una de sus curaciones periódicas en el hospital Castro Rendon. Un hombre golpeó al policía de custodia, le quitó el arma y lo ayudó a escapar.

Encina está acusado de homicidio agravado por el vínculo. Si se lo enjuicia será bajo la modalidad de jurado popular.

De Nora solo sabemos que era madre. Tenía un hijo de cinco años de una pareja anterior y una beba, que cuando ocurrió el crimen, apenas llegaba a los veinte días de vida. Estaba imputada junto a Encina en una causa por tenencia de droga para su comercialización, en etapa de instrucción en la justicia federal.

Cumplida una semana y dos días de la fuga no hay noticias sobre el paradero de Encina. Por su rostro el gobierno provincial no ofreció recompensa como sí ocurrió en el caso del abuso de dos jóvenes a principios de agosto en la zona de Parque Norte que derivó en la rápida captura de Agripinio Rubio. Tampoco llevó al jefe de los fiscales a ponerse en cabeza de la investigación.

Una lectura apresurada diría que se trata de una cuestión de contextos. Rubio atacó a las mujeres en un espacio público de la ciudad, valorado positivamente por que se trata de un sitio de recreación, donde los sectores medios y acomodados de la ciudad en su mayoría practican ejercicio físico. Encina mató a Nora al interior de una vivienda de un barrio en el que no hay polideportivo o espacio recreativo que se le asemeje.

Incluso podríamos agregar que las familias, amigos y amigas de las jóvenes abusadas las acompañaron y motorizaron la búsqueda para dar con quien las agredió. Nora es una víctima que no es reclamada, o por lo menos nadie lo hace a viva voz.

Pero hay otro aspecto y es que el femicidio de Nora no altera la paz social. Este concepto acuñado por el gobernador Jorge Sapag es pasible de múltiples interpretaciones, pero cuando es utilizado en términos de política criminal remite a la tradición contractualista clásica. Quien rompe el pacto pone en peligro el estado de cosas.

Sobre la prisión preventiva, Sapag señaló en su discurso de apertura de sesiones ordinarias en la Legislatura de este año: “la libertad del imputado de delitos violentos es un peligro para la seguridad de la sociedad, para la víctima, para su grupo familiar, pone en riesgo la paz social que es el objetivo primordial de la Justicia Penal.”

Más allá de si la paz social puede considerarse la meta de la justicia penal o si debe usarse como fundamento para imponer una medida cautelar, lo cierto es que la libertad de Rubio como la de Encina deberían causar, de acuerdo a este encuadre, la misma conmoción y activar similares mecanismos de acción. Sin embargo esto no sucede, pues no existe identidad en las víctimas.

Lo que oculta el concepto de paz social es que hay existencias, que si bien en teoría estarían adscriptas al contrato, su daño o extinción no modifica el orden reinante. Tal vez porque nunca pertenecieron.

Una paz cargada de violencia. Y de impunidad.

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Un comentario para El asesinato de Nora no altera la paz social

  1. C:KELLY
    28 Agosto 2014, 10: 37 para 10:37

    Realmente no son iguales los casos. En el caso de Nora, no solo que se habla de una mujer que era acusada por Narcotráfico conocida como “LA RUSA”, e indicada en el barrio donde vivián, ahí por la calle Fray Luis Beltrán al 600, justamente como una persona que se dedicaba a esta actividad, sino que además, existen dudas de que haya sido un hecho doloso, tal como la prensa lo ha sostenido.

    El hecho es que el acusado se voló un dedo de la mano, con el único disparo que se hizo, el mismo que impacto sobre la humanidad de Nora, lo que da a pensar que, es casi un hecho, que estaban forcejeando con el arma entre los dos, y es muy probable que quien tuviera el arma empuñada fuera la misma Nora, mientras que el acusado la agarraba del caño en el momento en que se disparo, ya que es difícil que una persona a la vez que tiene el dedo en el gatillo preparado para disparar, también tenga la otra mano en la boca del caño, como también lo es, poner la mano en la línea de fuego si decidís matar a alguien.

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