Superbandas, supertorpes

27 Junio 2014, 23: 02

La parte de atrás del discurso de superbandas, superpolicía, superseguridad.

dibujo“El Estado actual y las corporaciones necesitan de los ladrones bobos y de algunos psicópatas asesinos, porque de lo contrario no podrían legitimar su vigilancia sobre nosotros; si no los hubiese, tendrían que inventarlos y sin duda lo harían, pues su máquina burocrática no se dejaría morir de inanición”.

Utilicemos esta frase de Zaffaroni (La Palabra de los Muertos) para iluminar el sendero trazado por las últimas hazañas en materia de seguridad en Neuquén.

Como siempre, el control del flujo informativo que llega a los medios está a cargo de la Policía, con el aval tácito o explícito del Poder Ejecutivo y el Poder Judicial.

Para empezar, este caso de actualísima actualidad.

Como verán el enfoque (en tono acrítico) es el frustrado linchamiento.

Pero lo interesante del caso es cómo sucedió el robo (el presunto ladrón aprovechó que el vehículo estaba en marcha) y cómo terminó (chocó a las dos cuadras).

Un claro caso de ladrón bobo o, como también dice Zaffaroni, de persona inteligente que comete hechos tontos.

Prototipo de nuestra delincuencia: no planifica sino que aprovecha la oportunidad, y una vez resuelto su objetivo no sabe cómo continuar.

Hacer carrera en el delito

Apenas un peldaño arriba en términos de sofisticación tenemos otro caso de alta repercusión: el asalto a un fletero para robarle la recaudación.

El presunto autor fue lo suficientemente torpe como para olvidar en la escena del crimen su teléfono celular, lo que no sólo permitió identificarlo sino también descubrir que un compañero de trabajo de la víctima habría sido su cómplice.

El imputado en este caso, Gerardo Fuentes, es un caso para analizar con más detalle. Parece empecinado en demostrar que el sistema carcelario ¡no sirve para resocializar!

Su “carrera delictiva” (si tal cosa existe) comenzó en 2008, cuando cometió una tentativa de hurto simple. Al sistema no le importó que se trate de uno de los delitos más intrascendentes, y lo condenó a un mes de prisión efectiva. O sea, lo metió preso.

Un año después, Fuentes escaló cuesta arriba el Código Penal y cometió un robo simple. También lo atraparon y lo condenaron: dos meses de prisión efectiva.

La cárcel, en vez de desalentarlo, parecía producir en él un efecto contrario. Su siguiente condena fue por robo calificado por el uso de arma: 3 años de prisión efectiva.

Podemos presumir que nunca se lo abordó desde otra perspectiva más que “el que las hace las paga”. Y aquí tenemos el resultado de tan efectiva política: en 2011 presuntamente cometió un homicidio, por el cual será juzgado por jurados populares y si lo encuentran culpable irá a prisión por muchos años.

Será entonces un problema resuelto.

El perfil de Fuentes es el de la inmensa mayoría de los que pueblan las cárceles: joven, contexto familiar casi nulo, primaria completa, ningún trabajo fijo, ayudante de albañil de forma ocasional.

Ahora sí, la superbanda

Prensa de la Policía de Neuquén

Prensa de la Policía de Neuquén

La última estrella mediática es la bautizada superbanda VIP. Por fin un caso de organización delictiva entre tanto improvisado.

Mereció una conferencia de prensa un sábado, y no se la perdieron ni el ministro de Seguridad, Gabriel Gastaminza, ni el fiscal general José Gerez ni, por supuesto, el jefe de la policía Raúl Laserna, dueño de casa (y de la información).

Confesamos que de entrada nos llamó la atención este caso. Los miembros de la superbanda viven… en un asentamiento precario.

Lavan dinero comprando electrodomésticos”. Así como lo leen fue publicado.

Tan organizada era esta superbanda que se movilizaba en un automóvil en venta, con un número de celular estampado en la luneta para atraer compradores.

Y ese teléfono, intervenido, resultó ser el que usaban para planificar los robos. Que por otra parte los cometían a cara descubierta y frente a cámaras de vigilancia.

Asustame que me gusta

No vamos a negar la violencia ejercida, ni el daño que provocaron todos estos casos.

Pero nos interesa llamar la atención sobre el mecanismo mediático que se utiliza para infundar temor.

Cuanto más sofisticado nos hacen creer que es el delito, más tendemos a justificar las restricciones a nuestra libertad y a nuestra privacidad que nos imponen para reprimirlo.

Cerramos con Zaffaroni que cita a Foucault:

“El poder punitivo en serio no se ejerce sobre los que están presos, sino sobre los que estamos sueltos, pues es poder de vigilancia”.

 

Actualización 15 de julio:

 

libres

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2 comentarios para Superbandas, supertorpes

  1. Buenaventura Durruti
    28 Junio 2014, 0: 43 para 0:43

    “…A la pregunta “¿Qué hacer para mejorar el sistema penal?», sólo hay una respuesta: nada. Es imposible mejorar una cárcel. Con excepción de unas cuantas mejoras insignificantes, no se puede hacer absolutamente nada más que demolerla…” y “…La cárcel no impide que se produzcan actos antisociales. Multiplica su número. No mejora a los que pasan tras sus muros. Por mucho que se reforme, las cárceles seguirán siendo siempre lugares de represión, medios artificiales, como los monasterios, que harán al preso cada vez menos apto para vivir en comunidad. No logran sus fines. Degradan la sociedad. Deben desaparecer. Son supervivencia de barbarie mezclada con filantropía jesuítica…”(Pierre KROPOTKIN, Paris 20 de diciembre de 1877).

  2. Silvia Cuyo
    28 Junio 2014, 21: 13 para 21:13

    Dice Stella Martini en AGENDAS POLICIALES DE LOS MEDIOS EN LA ARGENTINA: LA EXCLUSIÓN COMO UN HECHO NATURAL
    La noticia policial se distingue por su discursividad genérica preferencial, la narración, y por la construcción retórica que la organiza, el sensacionalismo, que se reúne a formas del relato literario. El estilo presenta
    una modalidad denuncista (cuando se habla del delincuente), o una modalidad pietista o asistencialista (cuando se habla de la víctima) que en ambos casos se constituye en mecanismo discursivo de exclusión.

    La estigmatización de los delincuentes traduce las sensaciones de miedo y repudio de la sociedad afectada. Los individuos que portan el estigma del crimen (o aquellos que portan al menos la sospecha) pasan por sobre
    los derechos individuales y a la vez pierden sus propios derechos. Y aquellos sospechosos por estar incluidos en la categoría pobreza —marginación unida a la pertenencia a una geografía urbana también marginal- han de ser sometidos al control……… El discurso periodístico “se pega” al policial o al menos al oficial institucionalizado. De los delincuentes o sospechados de serlo se ignora casi todo salvo su carrera criminal, porque el estigma los excluye de la sociedad y hasta de la categoría de seres humanos. Tampoco se articulan discursos que impidan la exclusión de aquellos ciudadanos de sectores marginados que resultan víctimas
    (de los delincuentes comunes o de la policía

    Y están los ciudadanos con derecho (relativo) a ejercer sus derechos, cuya participación sin embargo se ve transformada en la vigilancia del entorno y de los otros con lo que naturalmente son también objeto de vigilancia. …… La misma construcción se registra en el espacio geográficosocial: hay zonas -como siempre las hubo en las noticias y en la literatura policiales- peligrosas, propias del mundo del hampa, donde se amparan los que “están fuera de la ley”, los arrabales de la geografía y de la normalidad.

    Si los delincuentes se refugian/viven en los barrios precarios es “natural” que no se registre en las notas “la indignación” o “el miedo” de “los vecinos del lugar”, como en los hechos ocurridos en los distintos barrios
    de sectores medios o altos.

    Las modalidades discursivas construyen imagen: hay criminales por portación de cara, que es en realidad, y por obra de una suerte de darwinismo social, un tema de portación de clase, y que es también portación de
    individualidad conflictiva y desviada. Son notables, en tal sentido, los discursos que identifican pobreza con peligrosidad, amenaza y delito, y que celebran desde ese contexto la capacidad de muchos individuos sumidos
    en la pobreza de no incurrir en la “tentación” del crimen.
    Pero el problema es que el ciudadano no ha podido aún discutir ni entender por qué ese delito, dónde están el Estado y las instituciones, qué es la Justicia y qué la vida digna. Aquí estaría el punto neurálgico del conflicto
    entre información periodística sobre el delito y la relación con la ciudadanía, y donde el proceso de normalizar una situación, esto es, una visión del mundo, se vuelve paradójicamente más sencillo.

    Modalidades Discursivas, pag. 97 y 98

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