La fuga extraña

13 Marzo 2014, 7: 01

Uno que no podía correr, otro que no quería salir. Un fiscal que demora la investigación, un gobierno que calla. La cárcel, ese sitio oscuro en más de un sentido.

U11

 

El sábado 8 de marzo, presuntamente a las 23.20, se escaparon cuatro personas detenidas en la Unidad 11 de Neuquén.

La supuesta sofisticación del plan de fuga contrasta con el hecho de que uno de los evadidos fue recapturado apenas cuatro días después en un barrio de Neuquén. Es inverosímil que los genios de la evasión tengan tan pocos recursos para manejarse una vez que están afuera.

La sospecha, una vez más, se vuelve hacia adentro: crece la presunción de que la fuga fue posible por complicidades internas.

Lo que está menos claro, y nadie parece investigarlo con entusiasmo, es por qué ayudaron a escaparse (si es que lo hicieron) a estas cuatro personas.

Hay dos casos paradigmáticos. Uno es el de Víctor Alejandro Campos, a quien en 2009 le amputaron medio pie derecho. Esto le impide caminar con normalidad, y mucho más correr.

Si es verdad que los guardias lo persiguieron 150 metros como se informó, sólo cabe pensar que no lo alcanzaron porque no quisieron.

El otro es el de Alexis Retamal Jara, recurrente víctima de apremios ilegales. Aquí están las imágenes de cómo lo dejaron la última vez que intentó fugarse.

Retamal Jara está en condiciones de acceder al beneficio de la libertad condicional. Pero si lo hace, corre riesgo de que lo extraditen a Chile, donde debe cumplir dos años de prisión. Como tiene su familia en Neuquén, prefiere agotar la condena en la provincia (esos mismos dos años) sin salir, y así evitar el traslado.

¿Por qué una persona en esa situación elegiría evadirse? Sí, siempre puede haber una razón, pero no deja de ser llamativo.

Como es llamativo también que la fiscalía haya dejado en las manos de la policía, es decir, de la sospechada de facilitar la evasión, la investigación de la evasión.

El fiscal Pablo Vignaroli hizo una inspección ocular en la celda donde construyeron el túnel a través del cual escaparon del pabellón recién tres días después. Todo ese tiempo la “escena del crimen” estuvo a disposición del personal de la cárcel.

Y el personal de la cárcel lo que hizo fue separar del cargo a cuatro guardias, para cumplir las formas.

Pero si se supone que para construir el túnel a través del cual salieron del pabellón demoraron hasta una semana, y que lo hicieron en una celda deshabitada pero cerrada con candado, ¿cuántos más guardias sabían que todos los días alguien entraba a cavar? ¿Cómo entraban?

Y el gobierno provincial… ¿por qué si el ministro y el secretario de Seguridad fueron a la cárcel el domingo, dejaron que la información suministrada la prensa la manejara exclusivamente la policía?

La policía tiene probada habilidad en controlar el relato. Deja saber lo que quiere que se sepa, y nada más.

Demasiadas preguntas que nadie responde. Las cárceles de Neuquén siguen siendo un sitio oscuro, no sólo en sentido literal, sino porque pueden asesinar a un interno (Cristian Ibazeta) y otro puede salir a caminar libremente por la calle (Darío Poblete) sin que nadie lo explique.

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