Un caso de gatillo fácil que para los jueces no fue gatillo fácil porque lo dijo… el imputado. Fallo completo

1 marzo 2014, 10: 00

Un adolescente recibió un disparo de escopeta policial a quemarropa en la cabeza. Según el fallo, no fue un homicidio con dolo directo pero tampoco un accidente. Juicios y prejuicios sobre los testigos.

Fuente: Cipolletti24horas.com.ar/

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Nicolás Scorolli fue asesinado el 25 de diciembre de 2011 a las 4.45 en Cipolletti, debajo del puente ferroviario que cruza sobre la ruta 151. Lo mató un disparo del cabo policial rionegrino Leonardo David Carrasco, de 39 años, quien recibió una condena a 14 años de prisión.

La víctima conducía un Renault 12 presuntamente robado, acompañado de cuatro amigos. Dos patrulleros lo encerraron y se detuvo.

Intentó bajarse del auto con las dos manos en alto. En esas circunstancias el cabo Carrasco le disparó con su escopeta en la cabeza y lo mató.

La sentencia pueden leerla aquí completa en word. La dictaron los jueces Pablo Repetto, Julio Sueldo y Mario Gutiérrez, de la Cámara Criminal Segunda de Cipolletti.

En el juicio declararon policías que acompañaban a Carrasco y los chicos que iban con Nicolás.

En el fallo los jueces dicen que prefirieron apoyarse en la prueba científica. Les creyeron poco a los testigos, a tal punto que para uno de ellos dispusieron que se lo investigue por presunto falso testimonio.

Carrasco y sus abogados. Fuente: Cipolletti24horas.com.ar/

Carrasco y sus abogados. Fuente: Cipolletti24horas.com.ar/

Se trata de uno de los amigos de la víctima y principal testigo de cargo cuyas declaraciones, según la fiscalía fueron formuladas antes de realizarse la prueba científica, que las corroboró.

Para los policías, la querella también había pedido que se los investigue por presunto falso testimonio pero no le hicieron lugar.

Lo preocupante es que los jueces no les creyeron a los amigos de Scorolli porque en sus versiones «debe aceptarse el beneficio de inventario», que incluye «la pertenencia a un grupo social que podría inferir algún rechazo hacia todo el actuar policial».

En su alegato, la defensa había intentado justificar que Carrasco se haya acercado apuntando con su escopeta hacia el auto detenido y con adolescentes en el interior.

El argumento cosecha el fruto de las semillas plantadas con la construcción mediática de la inseguridad:

«Se necesita hacer un esquema socio-jurídico de las circunstancias históricas que se vivieron en ese momento.

«En primer lugar la impronta social, alarma social, que provocó un delito de robo de automotor por diversas personas. En esa escena se presenta un auto robado, en poblado y banda, con persecución, flagrancia, descato y presunción de peligrosidad.

«Dentro de eso hay que pensar cuál es la creencia de las personas al acercarse al auto con 4/5 personas adentro, con la lógica si estaban armados, drogados o alcoholizados o la reacción que pudieran tener. No es alocada la precaución que toma su cliente con el arma en la mano, ante esa situación».

nicolas

Nicolás Scorolli. Fuente: rionegro.com.ar

Las pericias demostraron que Nicolás no estaba ebrio ni drogado. Solo uno de sus amigos admitió haber consumido alcohol.

El cabo Carrasco intentó introducir la hipótesis de que había forcejeado con la víctima. La prueba es abrumadora: el forcejeo no existió.

Aun con este antecedente de falsedad en su declaración (el imputado está en su derecho), los jueces le creyeron en que no tuvo intención de matar.

«El dolo directo no se encuentra debidamente probado, sobre todo si se tiene en cuenta la reacción inmediata del incuso, apenas escuchado el estampido, se escuchó decir cosas como «no tuve intención de hacerlo», «nunca tuve intención», o «referentes a su familia» que para nada se condicen desde la lógica de quien actúa con ánimo directo de dar muerte».

Para los jueces:

«No ha quedado demostrado que el imputado tuviera intención directa de dar muerte, es decir voluntad que abarca la producción del resultado típico como fin en sí mismo, ni tampoco como una consecuencia necesaria de su actuar. Sin embargo se ha probado sí, que su conducta excedió el actuar por «impericia, imprudencia o negligencia» frente a la situación, como formas típicas de la «culpa», fue más allá de una «culpa con representación», existió en cambio un actuar temerario, típicamente antijurídico y, aunque su voluntad no habría estado encausada de manera directa a su realización, aceptó que ella se produjera y continuó su actuar».

Esto les permitió quitarle el agravante del abuso de la función policial, que habría significado una condena a perpetua:

«En el caso no se advierte, ni los acusadores han probado que Leonardo David Carrasco con la intención directa de dar muerte a Nicolás Scorolli se prevaleciera de su función de policía, «abusando de ella», más allá que al momento se encontrara ejerciendo dichas funciones».

En consecuencia, la condena fue a 14 años de prisión por homicidio agravado por el empleo de arma de fuego.

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