«Él entró porque vio a Javier asomarse a la ventana y no soportaba que nadie me tocara»

16 octubre 2013, 7: 11

Lo dijo Mónica Muñoz, tras su testimonio en el juicio por el femicidio vinculado de Javier Junco. El imputado, su expareja Rubén Figueroa, justificó su accionar violento: «me estaban cagando, yo trabajando como perro, y ellos revolcándose.»

La última vez que Mónica Muñoz mantuvo contacto con su expareja y padre de su hijo de nueve años, Rubén Figueroa, fue mediante una llamada teléfonica. Él ya estaba procesado por el crimen de Javier Junco y se le había dictado prisión preventiva. Mónica quería saber porqué había ido el 23 de agosto de 2012 a su casa ubicada en la ciudad de Plottier, y la respuesta fue inequívoca:

«Él entró porque vio a Javier asomarse a la ventana y él no soportaba que nadie me tocara porque él me amaba»

Mónica se había separado de Figueroa por reiterados episodios de violencia y había comenzado una relación con Junco. Cuando en 2010 se distanciaron él intentó asfixiarla y solo la soltó cuando ella le dijo que lo amaba. Lo mismo sucedió la noche del 23 cuando le asestó una puñalada a Junco.

Si bien durante la primera audiencia del juicio -que continuará hoy- hubo un relato de las circunstancias diferente entre Mónica y Figueroa, el imputado reconoció los hechos -las violaciones a las órdenes de restricción dispuestas por el juzgado de Familia Nº4, sus ingresos al domicilio por el balcón- y balbuceó su disgusto ante la enajenación:

«Hablé con ella, él se metió, ahí tuvimos una pelea, me estaban cagando, yo trabajando como perro, y ellos revolcándose»

«No me cerraba porqué se quería ir, porque vos decis está todo bien, algo tenía que haber detrás»

«Ella resolvió la separación, no lo esperaba porque ella no había sido franca de porqué se separaba. Yo quería saber bien porqué se quería ir»

En el debate Mónica dio cuenta de las agresiones físicas y verbales, y aseguró que el punto de inflexión fue su hijo. Mencionó, entre otras situaciones, que en una oportunidad el niño le dijo a un familiar que «cuando sea grande le iba a pegar a las mujeres porque eso hacía su papá.»

Figueroa no debía haber entrado al domicilio el 23, pues los agentes de la comisaría séptima de Plottier estaban notificados por la propia Mónica de que debían prestarle custodia.

«Ese día fui al juzgado, me dieron la orden, la llevé a la comisaría como eran las dos de la tarde y no había fotocopiadora volví a las 5 y ahí me sellaron»

Luego de cometer el acto femicida Figueroa llevó a Junco al hospital, no sin antes seguir clavando puñales «ni a mí me acaricias así, hija de puta», «viste que era tu novio».

Afuera de la Cámara Criminal Segunda, donde se desarrolla el juicio, Mónica señaló que Figueroa se comportaba de modo distinto en presencia de otras personas: «con la gente era todo risas, todo bien, él sabía que yo no contaba, entonces se aprovechaba de eso, que yo no le contaba a mi familia que no le contaba a nadie, porque obvio que me sentía, no sé, como que era humillante que él me maltratara«.

Más detalles de las declaraciones del juicio en esta nota escrita de Guillermo Berto para el diario. Para escuchar el testimonio de Mónica, la entrevista completa una vez concluida la jornada:

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