Dejen de «curarlo», déjenlo en paz (valiente y conmovedor alegato por la muerte digna)

19 octubre 2011, 7: 59

Mi amiga y colega Andrea Diez escribió este valiente, certero y conmovedor alegato a favor de la muerte digna.

El tema no le es ajeno: hace 17 años que su hermano Marcelo permanece en estado vegetativo, y la justicia le niega una muerte digna pese a que todos los dictámenes médicos confirman que su estado es irreversible. (Los antecedentes, aquí).

Andrea se pregunta qué les pasa a los profesionales de la salud con la muerte, qué les pasa a los jueces.

Y con sus preguntas nos interpela a todos.

Seleccioné algunos párrafos de su escrito, cuya lectura completa recomiendo (pueden descargarlo al final del post en formato word). Lo reproduzco aquí con su autorización (las negritas son mías, las itálicas del original).

Les pido a quienes estén de acuerdo que se sumen al grupo creado en Facebook, al que pueden acceder (si están previamente logueados) haciendo click aquí.

El 11 de febrero de 2011, la Jueza de familia Beatriz Giménez, acompañada por la defensora oficial, se dirigió a la institución en que se encuentra Marcelo Diez, para comprobar personalmente el estado vegetativo en que se encuentra desde el año 1994. Se supone que  ya había leído los 6 dictámenes de peritos oficiales, expertos en bioética, médicos y psiquiatras, que afirman que Marcelo «tiene una grave secuela con desconexión entre ambos cerebros» lo que implica que no tiene «evidencia  de sí mismo, o del medio que lo rodea; no hay capacidad de elaborar una comunicación, comprensión o expresión».

Beatriz Giménez se sentó frente a Marcelo y tomó sus manos.

Es probable que la señora jueza haya equivocado de profesión, porque en ese momento logró un milagro, que luego escribió en su sentencia:

«Marcelo estaba sentado, pudo mirarme (…) y apretarme la mano cuando tomé la suya.»

Esta no es la parte más arbitraria de la sentencia.

Es la más insultante. Y la más dolorosa.

Porque durante mas de una década, muchas personas que quisimos a Marcelo intentamos, inútilmente,  que nos devolviera una mirada o que respondiera con un apretón de manos. Hasta que llegó la jueza y en cinco minutos obtuvo lo que seis dictámenes médicos dice que es imposible que haga, y lo que las personas que lo acompañaron durante 17 años nunca lograron.

No soy una cronista imparcial en esta historia. Porque Marcelo era mi hermano.

Y tampoco soy neutral. Porque, a instancias de mi hermana, he solicitado en el año 2009  a la justicia que le retiren la alimentación por sonda y que no le den más antibióticos en caso de infección. Hemos pedido que lo dejen ir.

(…)

Hace años, saliendo de una de las visitas que realizaba habitualmente en la institución en que se encuentra internado, me topé con una psicóloga que me dijo: «es difícil entrar y verlo y pensar que tal vez esté muerto ¿no?».  En realidad mi tristeza era porque, una vez más, había llegado a verlo y comprobaba que continuaba vivo.

¿Qué les sucede a tantos profesionales de la salud con la muerte?

(…)

Cuando Beppino Englaro decidió retirar el soporte vital de su hija Eluana, el escritor Roberto Saviano escribió que la clase política italiana reaccionó de tal manera en su contra porque nunca le perdonó que lo hubiera hecho público, en lugar de hacerlo «a la italiana», es decir, pagando para que se resolviera el final de Eluana sin estridencias. Ese extraordinario hombre que enfrentó la falsa moralina de toda la clase dirigente de un país me dijo, semanas atrás, que él solo aceptaba hablar «con las personas que hacen las cosas de cara al sol, sin esconderse, sin hacer arreglos oscuros».

(…)

«Los jueces tienen miedo» me dice al teléfono Beppino Englaro, que algo debe saber del tema.

De las críticas de la gente, de sus superiores, de su propia imagen y de sus límites. Esto sin olvidar el miedo más peligroso de todos: el miedo a enfrentar la propia ignorancia.

«Yo le preguntaba a los jueces, y ninguno me sabía responder: ¿puede  el estado condenar a vivir a una persona? ¿Está Eluana condenada a vivir?

La respuesta tardó diez años en llegar. Y fue negativa: no, el estado no puede condenar a nadie a vivir. El Supremo Tribunal Italiano consideró que un juez puede autorizar la suspensión del tratamiento si el estado del paciente es irreversible, y si se constata la  voluntad del paciente a través de testimonios y documentos.

(…)

Tan solo pedimos que los médicos, asistentes sociales, defensores, jueces; dejen de depositar en el cuerpo de quien fue Marcelo sus creencias religiosas, sus convicciones personales, sus prejuicios y sus íntimas certezas (o que se limiten a aplicarlas a sus propias vidas).

Marcelo no hubiera querido esto.

Por favor, déjenlo ir.

DEJEN DE «CURARLO», DÉJENLO EN PAZ

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12 comentarios para Dejen de «curarlo», déjenlo en paz (valiente y conmovedor alegato por la muerte digna)

  1. Gabriel
    19 octubre 2011, 14: 38 para 14:38

    Estimado Guillermo.
    Sin lugar a dudas, el relato resulta desgarrador y, antes que nada, hago llegar mis más sinceros respetos y solidaridad hacia quien lo escribe. No me cabe duda que la situación de la familia debe ser sumamente angustiante, al punto que dificilmente podría imaginarme lo que debe ser estar en sus zapatos.
    Sin embargo, creo entender que tu publicación apunta como disparador de un debate en torno a la eutanasia en nuestro derecho, planteado en forma general.
    Quisiera aclarar que en lo personal defiendo con ahínco el derecho de todo individuo de decidir hasta último momento lo que hará de y con su vida. En tal sentido, entiendo que la sociedad y el estado no tienen nada para decir ni opinar frente a la libre decisión de una persona de no continuar un tratamiento o una situación que encuentra insostenible.
    Sin embargo, me parece que aquí la cuestión se ha planteado de un modo distinto, ya que el caso llevado a la justicia no gira en torno a si debe respetarse el derecho de una persona de elegir morir dignamente, sino -muy distintamente- si los familiares directos y personas más queridas tienen el derecho de tomar tal decisión en su nombre.
    Esta diferencia es fundamental, ya que se trata de reconocer si le habilitamos a nuestros seres queridos la posibilidad de decidir por nosotros en torno a la continuidad de nuestras vidas: porque una cosa es que yo decida -a priori y en pleno uso de mi libertad- que llegado el caso mis familiares puedan desconectarme el soporte vital; y otra es que, en ausencia de tal intención inicial ellos directamente decidan por mí. En el primer caso la decisión habría sido tomada de antemano y los allegados se estarían limitando a acatar o seguir la voluntad del enfermo, mientras que en la segunda la familia estaría lisa y llanamente decidiendo por el enfermo.
    En tal sentido, me parece sumamente adecuada y prudente la opinión expresada por la Dra. Clerici: no se puede admitir que el estado -a través de los jueces- manden (o habilite) a terminar con la vida de una persona en función de la sola voluntad de su familia y seres queridos. La decisión de terminar -dignamente- con la propia vida es, valga la redundancia, propia y personalisima. Por otro lado, creo que sería sumamente peligroso pensar que la voluntad en torno a una cuestión de tal magnitud pudiera ser suplida por la vía de presunciones. Así, me parece que de la misma manera que el estado nada puede decir frente a mi opción de morir dignamente, tampoco puede tomarla por mí ni autorizar a que otro lo haga. Ahora bien, claramente si la persona hubiera expresado de antemando su decisión en tal sentido, ahí sería otra cosa enteramente distinta.
    Espero no haberme extendido innecesariamente y haber podido expresar mi opinión en la forma más respetuosa posible a las circunstancias en la que se plantea el debate.
    Gabriel.

  2. mariano
    19 octubre 2011, 20: 11 para 20:11

    Antes de opinar, hay que leer el articulo completo, No se trata de lo que quiere la familia, y no se habla de eutanasia. Y justamente lo que se plantea es que la no expresion de voluntad es una excusa.

  3. Laly
    19 octubre 2011, 21: 17 para 21:17

    Aún cuando sea una excusa, no por eso deja de ser válida, ya que no es un dato menor no contar con la expresión de voluntad del muchacho.
    En todo caso, hay que modificar la legislación, y que la desconexión quede directamente supeditada al criterio médico.
    No hay duda que no es un tema sencillo, hay muchas personas en estados similares (algunas se han recuperado «milagrosamente»), el mismo Ceratti esta en una situacion complicada.
    Me parece que en este caso puntual, la exposición tiene que ver con la calidad de la familia, que es un poco mas conocida que otras.

  4. pepita la pistolera
    19 octubre 2011, 21: 28 para 21:28

    Gabriel, no se que leiste vos, pero lo que yo lei habla de la ignorancia de la gente, de gente como vos, que opina sin saber lo que se deberia saber. Sos el ejemplo perfecto de lo que se explica alli, de cómo habla sin fundamento y sin entender. Lee y despues abri la boca

  5. 20 octubre 2011, 0: 33 para 0:33

    Lo comentarios carecen de profundidad y de respeto por derechos fundamentales de quien está padeciendo esta enfermedad y e sus familiares. Hay que salir de los preceptos retrógrados de la iglesia y pensar más en el ser humano como tal en toda su amplitud.-

  6. la toña
    20 octubre 2011, 6: 56 para 6:56

    Gabriel lamento decirte que lo que decis parece muy argumentado pero que en la practica no es asi. Hace unos años una jueza de Neuquen autorizo a los papas de un nene que estaba con una enfermedad terminal a que no le colocaran el respirador, el chico murio. Es decir, los padres decidieron por él. Ojala nunca te suceda, pero si tenes familiares, y uno de ellos cayera en un hospital inconsciente, quieras o no te van a llamar y vas a tener que decidir por ellos. fijate que la nota dice que la ley nacional dice que los familiares pueden decidir cuando el paciente esta inconsciente. Ademas, Gabriel, si vos no decidis, te puede tocar un medico bueno o uno malo, y te aseguro que es muy feo que vos pidas algo porque conoces a la persona y el medico haga otra. Claro que los familiares pueden decidir por los tratamientos de los pacientes, si no que somos, objetos de los medicos? Asi que te recomiendo que les digas a tus seres queridos que vayan hoy mismo a aun escribano y dejen por escrito lo que quieren, porque les puede pasar a ellos. Para mi sin saber nada de abogacia no estoy de acuerdo con lo que dice la jueza, es facil decir que no dejo voluntad hace mas de 10 años atras, cuando nadie lo hacia. Y por ultimo, por que decis que es eutanasia negarse a un tratamiento? Estamos hablando de cosas distinas, me parece.

  7. Cristina
    20 octubre 2011, 10: 25 para 10:25

    A quienes la vida nos puso en la terrible situación de firmar un papel para que los médicos/as dejen morir en paz a esa persona que amamos, sabemos de un dolor que es indescriptible.
    Ese momento aciago de estampar esa firma, porque la ley asi lo indica, es ese momento donde el Poder judicial ejerce su poder. Tiene el Poder judicial derecho a ejercer su poder para seguir inflingiendo dolor ? Porque la situación es dolorosa y eterna en su dolor. Podran decir que no es lo mismo un enfermo terminal que esta situación. No es verdad. Este joven ya se fue, lo único que estan haciendo es prolongar la agonia, la de él y la de sus familiares. A santo de qué ?
    De ejercer el poder, ese poder que los hace creer omnipotentes, y se justifican en sus creencias religiosas, y dogmaticas. El poder de curar, que en ese caso no cura (omnipotencia de la medicina, ) y el poder de decidir por otros, omnipotencia de los jueces.
    Tenemos derecho a tener una vida digna y también una muerte digna.

  8. Catón
    24 octubre 2011, 22: 33 para 22:33

    Leyendo detenidamente la sentencia de la Cámara, encuentro que al joven se le asiste sin ningún elemento que pueda entenderse como encarnizamiento terapéutico, ya que se limita a hidratarlo y alimentarlo por sonda. Por ello, dado que siempre que se sostiene algo en un caso concreto, corresponde prever el resultado, aquí resulta claro que la no administración de esos sencillos auxilios llevaría a Marcelo a morir de hambre y sed, lo que insumiría muchos días; un proceso hasta dantesco para una persona con algún grado de lucidez, desconozco qué el pasaría a él.
    Francamente no sé como procedería en el caso que me tocase decidir respecto a un familiar cercano, pero creo que poner en manos de jueces una decisión así es inaceptable. Si deberíamos tener una ley que contemplase casos como el presente, es un análisis en profundidad que nos debemos todos.
    En cuanto la discusión generada, creo que la opinión de Pepita la pistolera, calificando de que lo expuesto por quien le precedió carece de fundamento, sin a su vez expresar ella misma los fundamentos que cree deberían aplicarse es la típica crítica que se contenta con la simple denostación.
    A su vez sería interesante que Oscar ilustrara en que consistiría en el caso “pensar más en el ser humano como tal en toda su amplitud” y no se detuviera en la simple enunciación.
    A La Toña debo decirle que es cierto lo del caso de un nene con una enfermedad terminal y respecto a quien se avaló la decisión de sus padres a que no se le pusiera el respirador mecánico. Lo difícil es calificarlo a Marcelo Diez de enfermo terminal. Fíjense que en tal caso sería posible concluir en una ablación de órganos, si así lo decidieran sus familiares.
    No creo Cristina que este sea un caso de omnipotencia judicial, sí, reitero, falta una precisión legal.

  9. manuel
    3 octubre 2012, 9: 11 para 9:11

    Libertad Fatal, se llama una excelente obra de Thomas Szasz. Habla sobre el derecho a la muerte digna. Es un tema tremendo, que no puede agotarse en un comentario. También habla sobre el aborto, y la perplejidad que le causa saber que los temas se tocan. Por allí, recuerdo, compara dos acciones: la ayuda a nacer, que prestamos los vivos y se pregunta acerca de la contracara, sobre la ayuda a morir. Es imperdible y recomendable. Un terrible ítem hace la diferencia: ¿qué pasa cuando es imposible conocer cuál es la verdadera voluntad del paciente?. Tomarle la mano, y mirarle los ojos, es casi mirarse a un espejo. No es un argumento. Es un tema dificilísimo, por que alguien debe «reemplazar la voluntad» del titular del derecho a la vida o a la muerte. ¿quién puede saber?.

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